Nos sentamos tímidamente para tener una conversación. Ella entrelazaba los dedos de sus manos y yo, con los ojos cerrados para ponerme en su lugar. Su dulce voz abrió el compás. Lizbeth Guevara participó del Programa Emprendedores Banesco. Tiene 37 años y es madre soltera de tres niñas: Grace de 14 años, Diana de 13 años y Andrea de 11 años. Actualmente, está por terminar dos carreras, ambas relacionadas con el turismo.

Hace más nueve años incursionó en el emprendimiento y hoy tiene un negocito en su casa en Tanara, Chepo que ofrece: impresión de documentos, fotocopias, levantado de texto y venta de láminas; servicio que funciona perfectamente para su clientela cautiva de estudiantes.

Los emprendedores tienen la facultad natural de diversificar su emprendimiento, de innovar. A corto plazo, Lizbeth aspira a desarrollar un pequeño internet café que complemente el resto de sus servicios y aumente los ingresos de su negocio. “Me gusta ayudar, siempre me ha gustado servir, a pesar de mi discapacidad”, dice evidentemente entusiasmada.

Como invidente, ha estado involucrada en apoyar a las personas de igual condición, desde múltiples esferas. Y como no hay límites más que los que nos imponemos en la mente, también ha representado a Panamá en juegos paraolímpicos. Aunque ya está retirada, en algún momento desea retomar su afición por el “golball”, el único deporte creado específicamente para personas ciegas o con baja visión.

La voz de Lizbeth es la de muchos que precisan ser incluidos, a pesar de sus circunstancias físicas o particulares. “No me gusta que se aprovechen, ni el menosprecio a las personas con discapacidad”. La pregunta relevante para ellos es qué pueden hacer y no asumir lo que les limita como un impedimento. Por experiencia ella sabe que solo se dice “no puedo”, cuando ya lo has intentado, tal y como se lo inculca a sus hijas.

“La vida depende mucho de cómo la vemos y ya sabemos que hay muchas formas de ver. En ocasiones los videntes nos ponemos obstáculos subjetivos y damos algunas cosas por hecho que nos hacen perder su verdadero sentido”, comentó. Para Lizbeth un buen día inicia desde el momento en que abre sus ojos y es mucho mejor cuando está con sus hijas. “Puedo tener todos los problemas del mundo, pero mientras tenga vida y salud, esos problemas son un paseo para mí”.

Es muy fácil abrazar la forma en que ve y afronta su camino, su afán de conocimiento (ahora aprende sobre ajedrez), su espíritu emprendedor y su pasión por servir. El ejemplo está basado más en los hechos que en las palabras y como dijo Jules Gouncourt: “El más largo aprendizaje de todas las artes es aprender a ver”.

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