Siendo la medición de impacto un proceso que confronta al emprendedor con los resultados de sus acciones sociales, puede ser un proceso alrededor del cual se tejen ciertos mitos y desconfianza, pero en las siguientes líneas descubrirás que solo se trata de una decisión estratégica en el camino al desarrollo y crecimiento institucional.

¿Cuáles son los beneficios de una medición de impacto? 

Aunque parezca una pregunta retórica, la verdad es que hace falta aclararlo: medir el impacto de un programa o proyecto, ayuda a verificar la efectividad de sus acciones tantas veces como se precise.

Generalmente, las organizaciones se lanzan a medir impacto para recaudar más fondos, porque el financista potencial le pide esos datos antes de invertir.  Y eso tiene un gran valor, pero hay una razón que tal vez es más importante: ayuda a indagar en lo que el programa social debe tener para lograr su objetivo.

Si vemos la medición de impacto como una vía para levantar fondos, se puede correr el riesgo de esperar que los resultados sean positivos. En cambio, si la vemos como una forma de verificar la efectividad del proyecto, se puede identificar aspectos que permitan rectificar el rumbo hacia la meta y eso, en sí mismo, es ganancia.

Y si puntualizamos un poco más, las ventajas de realizar una medición de impacto, pueden ser:

Fortalecimiento institucional y réplica

La medición de impacto genera un proceso de reflexión interno que termina incidiendo en otros procesos de la organización como: planificación, asignación de recursos, perfil de contratación de empleados, etc. Además, cuando una organización somete a medición alguno de sus programas es inevitable que quiera aplicarlo al resto de sus proyectos y procesos, con lo cual gana en eficiencia y efectividad. Es por eso que el diseño de una medición de impacto en sí mismo es una manera de fortalecer institucionalmente a las organizaciones. Por otra parte, las organizaciones que hacen buenas mediciones ganan visibilidad y se convierten en un ejemplo que otras querrán imitar.

Contribuye con evidencias en la solución de problemas sociales

Una ventaja que suele pasarse por alto, es la que se relaciona con la acumulación de evidencia que ocurre cuando hay procesos de medición sobre un problema social en concreto. Mientras más organizaciones hagan medición de impacto y, en consecuencia, logren demostrar con datos su impacto social, mayor evidencia habrá sobre lo que funciona para resolver los principales problemas sociales del mundo.

Empodera a las comunidades beneficiarias

La evidencia que genera la medición de impacto permite a las comunidades apropiarse de esa información y aplicar por sí mismas las mejores prácticas en el abordaje de sus propios problemas. En definitiva, se trata de comprender que el impacto social es el cambio verificable que ocurre en la vida de las personas que reciben el programa social y si nos animamos a hacerla, veremos que también mejora el propio programa y la gestión de la organización.

Entonces, ¿cuáles deberían ser los aspectos que se deben tener en cuenta a la hora de pensar en cómo evaluar el impacto social de un proyecto? Se debería empezar por:

1. Entender qué es impacto:

Empecemos por aclarar que el impacto de un proyecto o programa social, es lo que sucede después que el programa termina: las consecuencias de lo que se hizo.

Esto quiere decir que el impacto del programa no es igual al número de beneficiarios, ya que el número de beneficiarios indica el alcance que el mismo obtuvo. Aunque es común que se use este indicador para hablar de impacto, la verdad es que el impacto es poder mostrar, cuantitativamente, que se ha resuelto un problema social.

El reto de toda medición es demostrar qué habría sucedido si dicho programa no se hubiese ejecutado. Por ejemplo, “sin este programa muchas más personas estarían sin trabajo o en una condición peor de la que están hoy”.

2. Estar muy claro en qué se quiere lograr con el proyecto:

Normalmente, el objetivo último del proyecto es algo que se piensa durante el diseño, pero en la práctica muchas veces la organización no está totalmente clara en eso. ¿Cómo describirías la situación ideal, esa en la cual el programa social ha logrado su objetivo? Tener eso claro ayuda a decidir qué cosas medir.

Se debe hacer el esfuerzo de ser muy específico; si el objetivo del proyecto es empoderar a las mujeres, hay que aclarar qué significa empoderar: que aumenten sus ingresos, que encuentren empleo, que tomen más decisiones en el hogar, etc.

Mientras más se operacionalice el objetivo, más sencilla será la medición y la propia ejecución del proyecto. Revisar los objetivos de programas que atiendan la misma problemática que el que manejas, puede ayudar a tener referencias.

3. Reflexionar sobre la rigurosidad requerida para la evaluación:

Hay muchos tipos de evaluación, desde un simple monitoreo de resultados hasta demostrar que los efectos positivos se deben exclusivamente al programa que lidera la organización y/o persona y no a otra cosa. Por ejemplo, si se quiere que el proyecto se expanda y en algún momento llegue a convertirse en una política pública, probablemente se necesite una rigurosidad de evaluación mucho mayor a la de si solo se quiere validar algunas hipótesis sobre el programa.

4. Planificar el levantamiento de una línea base:

La manera de mostrar que algo cambió es poder saber cómo estuvo la situación antes versus cómo estuvo la situación después. Esto significa que se tiene que pensar en la medición incluso antes de comenzar a ejecutar el proyecto. Sí, ¡así es! La medición no es algo que ocurre al terminar, más bien es algo que debe pensarse incluso al momento de diseñar la intervención y para poder planificar el presupuesto. Debe existir una línea base que constituye la información de cómo están todas esas variables que se quieren cambiar antes de la intervención, para que se puedan comparar en un futuro.

5. Buscar instrumentos válidos para medir los indicadores:

Hay cosas que son más fáciles de medir que otras. Preguntar nombre, dirección y datos demográficos son cosas bastante sencillas y directas de medir.

Sin embargo, medir variables como autoestima, liderazgo, competencias, es algo un poco más complejo. Aunque se tenga la tentación de auto diseñar las preguntas, hay que asegurarse de buscar instrumentos que estén validados y que puedan ser comparables en un futuro.

6. Buscar formas efectivas de re-contacto con los beneficiarios:

Obtener resultados de las intervenciones sociales toma su tiempo, por eso es fundamental asegurarse desde un inicio de que podrán encontrar a ese beneficiario en un futuro; digamos uno, dos o cinco años más tarde para poder saber cómo cambió su vida después de participar en el proyecto.

El número de contacto de los beneficiarios queda obsoleto en muy poco tiempo, porque cambian de teléfono, se mudan, etc. Por eso, la recomendación es de solicitar varios números de contacto, además del teléfono personal: teléfonos de familiares o vecinos que puedan dar información de la persona en un futuro. Cuatro contactos es el número que ha demostrado ser óptimo para aumentar la probabilidad de contacto.

7. Asignar presupuesto y responsables:

Como cualquier actividad del proyecto, si no hay recursos humanos y financieros que apoyen la actividad, se corre el riesgo de que no se haga. Hay que decidir cuánto se puede o se quiere invertir en la medición. Una manera de empezar, si no se tiene mucho tiempo para planificar, es adecuar los métodos o técnicas de medición al presupuesto con el que se cuenta para el momento, y poco a poco evolucionar a métodos más precisos y válidos. 

Si se está en el momento del diseño del proyecto, hay que asegurarse de incluir en el presupuesto una partida de medición de impacto porque si no se incluye, luego se hará muy cuesta arriba ejecutar las actividades de medición. Si no se tiene mucha idea de los costos, es mejor asegurarse apartando un porcentaje que vaya entre 3% y 10% del monto total del proyecto. Esto no es una regla, por supuesto, pero puede ayudar a dimensionar si no se sabe por dónde empezar. 

Usualmente los costos de una medición están relacionados con los siguientes rubros: asesoría profesional, diseño e impresión de encuestas, gastos para el contacto con los beneficiarios (transporte, llamadas o plataformas de encuestas), procesamiento y análisis de datos.

Teniendo en cuenta estos aspectos, es más probable que la medición de impacto resulte todo lo enriquecedora que puede ser y ayude a dirigir los recursos en el sentido correcto. A fin de cuentas, la medición de impacto es un proceso que poco a poco se irá incluyendo en las actividades regulares de la organización, así que no hay por qué tener miedo en comenzar, pues todo este aprendizaje le será muy útil a la organización y permitirá potenciar su impacto.

Por: Adriana Mata, CEO Cuantix