Ricardo J. Alfaro, ex presidente de la República, participó en un primer momento de manera activa en la redacción de la Carta de las Naciones Unidas. El 25 de abril de 1945 durante la primera conferencia de este nuevo organismo los delegados redactaron la Carta de 111 artículos que sería adoptada por unanimidad el 25 de junio de ese año.

Alfaro había sido presidente de la República durante 1931 y 1932; luego embajador de Panamá en Estados Unidos en dos periodos (1922-1930 y 1934-1939), negociador de los tratados del Canal y  redactor del borrador de la Constitución panameña de 1946.

Posteriormente, en 1948, Alfaro integró la comisión de Derecho Internacional que presidió Eleonor Roosvelt. Esta comisión se encargó de redactar los 30 artículos de que consta la actual Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Gracias a la labor de Alfaro, Panamá siempre ha guardado una estrecha relación con los Derechos Humanos. A día de hoy, esa relación se sigue afianzando gracias al trabajo de la Defensoría del Pueblo y multitud de fundaciones y organizaciones de la sociedad civil como la Red de Derechos Humanos de Panamá, la Asociación Nuevos Horizontes Activista por los DDHH de la población LGBT, la organización Mujeres con Dignidad y Derechos de Panamá o la Red Ciudadana Urbana. Regionalmente, se cuenta con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Tanto organismos gubernamentales, como fundaciones y organizaciones están cada día más proactivos en la lucha por el reconocimiento de los Derechos Humanos, lo que ha permitido que los últimos años se haya avanzado de manera muy notable en la consecución de los mismos.

La Declaración Universal de Derechos Humanos

La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un documento que marca un hito en la historia de los derechos humanos. Elaborada por representantes de todas las regiones del mundo con diferentes antecedentes jurídicos y culturales, la Declaración fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948 en su Resolución 217 A (III), como un ideal común para todos los pueblos y naciones. La Declaración establece, por primera vez, los derechos humanos fundamentales que deben protegerse en el mundo entero y ha sido traducida en más de 500 idiomas.