Pese a que la tasa de pobreza mundial se ha reducido a la mitad desde el año 2000, en las regiones en desarrollo aún una de cada diez personas, y sus familias, sigue subsistiendo con 1,90 dólares diarios y hay millones más que ganan poco más que esta cantidad diaria, de acuerdo con la ONU. 

No en vano, el Objetivo de Desarrollo Sostenible #1 es acabar con la pobreza. No solo por lo que la pobreza per se implica (que es mucho), sino porque no erradicarla incide directamente en el cumplimiento del resto de los ODS planteados por la ONU para el año 2030. 

Sin embargo, antes ejecutar cualquier iniciativa, es necesario entender que “la pobreza va más allá de la falta de ingresos y recursos para garantizar unos medios de vida sostenibles. La pobreza es un problema de derechos humanos y entre sus distintas manifestaciones figuran el hambre, la malnutrición, la falta de una vivienda digna y el acceso limitado a otros servicios básicos como la educación o la salud. También se encuentran la discriminación y la exclusión social, que incluye la ausencia de la participación de los pobres en la adopción de decisiones, especialmente de aquellas que les afectan”.

Sí, el problema es mucho más grande de lo que podemos imaginar, pero igual de grande es el deseo de solucionarlo en aras de que cada habitante del planeta viva (y no sobreviva) con dignidad y paz. 

A propósito de lo anterior, queremos contarte dos historias que demuestran cómo con voluntad, foco, constancia y determinación es posible brindar soluciones a largo plazo para la pobreza del mundo: 

 

1. Jackeline Novogratz que gracias a su suéter azul fundó Acumen: 

Jacqueline Novogratz trabaja para permitir el florecimiento humano. Su organización, Acumen, invierte en personas, empresas e ideas que ven el capital y las redes como un medio, no como un fin, para resolver los problemas más difíciles de la pobreza. Ella misma te cuenta su historia: 

“Comencé mi carrera en Wall Street y pronto descubrí que los mercados son eficientes, pero por sí solos pasan por alto o explotan a los pobres. Así que me mudé a Ruanda en 1986 para ayudar a fundar el primer banco de microfinanzas del país. Allí vi el el carácter humanitario de la filantropía y también que las soluciones que van de arriba hacia abajo con demasiada frecuencia crean dependencia, lo opuesto a la dignidad. A través de 30 años de trabajar en soluciones para combatir a la pobreza, he llegado a re-definirla, pues no se trata de cuánto ingreso tiene una persona, sino de cuán libre es para tomar sus propias decisiones y cuánta independencia tiene sobre sus propias vidas”.

Precisamente por ello, en el año 2001 fundó Acumen, para cambiar la forma en que el mundo aborda la pobreza. “Nuestra misión era simple: aumentar la filantropía y convertirla en capital paciente: inversión a largo plazo en emprendedores intrépidos dispuestos a ir donde los mercados y los gobiernos les han fallado a los pobres. Permitimos que las empresas experimenten y fracasen, sin renunciar a un compromiso de apoyar a los pobres, y sin embargo, comprender que la rentabilidad es necesaria para soluciones sostenibles”.

Acumen ha invertido más de USD110 millones en el sur de Asia, África, América Latina y los Estados Unidos. De acuerdo con Fortune, “Acumen es un grupo sin fines de lucro (pero no una organización benéfica), que cuenta con el apoyo de inversores (no donantes) que desean un buen retorno social de su capital”.

Por cierto, la historia del suéter azul de Jacqueline es buenísima, no te la pierdas aquí

 

2. Ousman Umar que gracias a su curiosidad por los aviones creó Nasco, alimentando mentes: 

Ousman Umar ha hecho de todo, menos rendirse; por eso preferimos que leas su historia en primera persona: 

“Mi nombre es Ousman Umar. Sé que nací un martes, no sé de qué mes ni de qué año porque en mi tribu eso no importa. Crecí en la sabana africana. Caminaba siete kilómetros para ir a la escuela. Mi vida era feliz y sencilla, hasta que un día, entre juegos, vi un avión volar. Desde ese momento quise ser piloto, ingeniero, todo, menos negro. La curiosidad por conocer el mundo me empujó a hacer un viaje sin retorno hacia el País de los Blancos.

A los trece años crucé el Sahara a pie, el mar en patera y vi morir en el camino a la mayoría de mis compañeros de viaje, entre ellos a mi mejor amigo. Cuatro años después de comenzar esa hazaña, logré llegar a España y, tras varios meses durmiendo en la calle, me acogió una familia. La primera noche que dormí en su casa, pese a las comodidades y el confort, me puse a llorar como un niño. 

¿Por qué había sufrido tanto? ¿Por qué tanta lucha? ¿Qué había hecho mal? Ahora, necesito contar esta historia, hasta que no haya más historias como esta que contar.”

Y su manera de evitar que historias como la suya se repitan cada vez menos fue fundando Nasco, alimentando mentes, una organización no gubernamental que tiene como objetivo crear una red de aulas de informática en escuelas rurales de Ghana, con la finalidad de familiarizar los niños y las niñas con las herramientas digitales y facilitarles el acceso a la información.

La iniciativa busca garantizar que todos los estudiantes del país dispongan de las herramienta y los conocimientos necesarios que les permitan desarrollar su talento y acceder a la información necesaria para crear oportunidades y decidir su futuro.

Si quieres leer la travesía completa de Ousman Umar, puedes hacerlo en su libro “Viaje al país de los blancos”. 

Una tercera iniciativa de la que queremos hablarte, sin extendernos es el Programa de Emprendedores Banesco, que brinda herramientas administrativas, gerenciales, personales y técnicas a emprendedores, para mejorar la producción de sus negocios y hacerlos más competitivos en el mercado. El programa es gratuito y si quieres ampliar la información al respecto, puedes hacer clic aquí

Como ves, si en lugar de hacer caridad nos dedicamos a instalar capacidades y brindar herramientas de superación podremos garantizar que las personas que viven en condición de pobreza extrema puedan ser parte de la solución, no solo de sus situaciones individuales, sino también de sus comunidades, países y continentes.