Su origen, en 1970, establece el inicio del movimiento ambientalista moderno, cuando más de 20 millones de estadounidenses tomaron las calles para manifestarse por un ambiente saludable y sustentable. Esta celebración, del mismo modo, dio vida a la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos de América (EPA) así como la aprobación de leyes relacionadas con el aire, el agua limpia y la conservación de especies en peligro de extinción.

El Día Mundial de la Tierra nos brinda la oportunidad de concienciarnos acerca de los problemas que afectan a nuestro planeta y la necesidad de conservarlo. A lo largo de la historia, han sido muchas las amenazas que ha sufrido la tierra. Para tratar de paliar y reducir dichas amenazas, los principales gobiernos y organismos mundiales han ido estableciendo acuerdos y convenios medioambientales con el fin de proteger nuestro medio ambiente. Estos son algunos de ellos:

Convención para la protección de la Flora, de la Fauna y de las Bellezas Escénicas Naturales de los Países de América

(Washington, 1941) que persigue conservar las especies y géneros de la flora y fauna americana, para evitar su extinción.

Convención sobre la Pesca y Conservación de los Recursos Vivos de la Alta Mar

(1961), sobre la base de la cooperación internacional, que persigue regular la explotación de los recursos vivos de Alta Mar.

Convención relativa a los Humedales de Importancia Internacional

(RAMSAR, 1971) que procura asegurar la conservación de los humedales, su flora y su fauna, armonizando las políticas nacionales previsoras mediante una acción internacional coordinada.

Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas

(1977), que adopta medidas encaminadas a proteger la flora y la fauna silvestre mediante la cooperación internacional.

Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre

(1973/1979), que considera a la fauna y la flora como elementos irremplazables de los sistemas naturales de la tierra, y busca protegerlos de la explotación comercial para las generaciones presentes y venideras.

Convenio de Viena para la Protección de la Capa de Ozono

(1985), que busca proteger la salud humana y el ambiente de los efectos adversos resultantes de las modificaciones de la Capa de Ozono.

Protocolo de Montreal Relativo a Sustancias Agotadoras de la Capa de Ozono

(1987), con el cual se adoptan medidas preventivas para controlar equitativamente el total de emisiones mundiales de las sustancias que la agotan para eliminarlas.

Convención para la protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural

(1990), que establece un sistema eficaz de protección colectiva del patrimonio cultural y natural de valor excepcional.

Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático

(1992), que establece las concentraciones atmosféricas sobre gases de efecto invernadero a niveles que impidan que las actividades humanas afecten peligrosamente el sistema climático mundial.

Declaración de Río sobre Desarrollo y Medio Ambiente

(1992), que establece una alianza mundial para impulsar nuevos niveles de cooperación entre los Estados, los sectores claves de la sociedad y las personas.

Convención Internacional sobre la Diversidad Biológica

(1994), que busca la utilización sostenible de los recursos biológicos y una participación justa y equitativa de los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos.

Protocolo de Kioto

(1997), derivado de la Tercera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Incluye un acuerdo entre las partes para el control de la emisión de gases que incrementan el efecto invernadero.

Convención Internacional para la Lucha contra la Desertificación

(1998), que establece un marco para que los programas nacionales, subregionales y regionales combatan la degradación de las tierras secas, que incluyen las praderas semiáridas y los desiertos.

Acuerdo de París

(2015), derivado de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Establece medidas para la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a efectos del Calentamiento Global. Su aplicabilidad será para el año 2020, cuando finaliza la vigencia del Protocolo de Kioto.

Pero la protección de la Tierra no solo depende de políticas y gobiernos, es una lucha en la que tenemos que estar todos involucrados, por eso, son varias las empresas que a través de sus estrategias de mercado, así como con sus estrategias de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), llevan a cabo planes para la conservación de la naturaleza.

Una de las principales multinacionales que apuestan por la conservación de la naturaleza es IKEA. Sus estrategias de RSE pasan por utilizar maderas de origen sostenible o fabricar bombillas led que ayudan, en su conjunto, a ahorrar hasta 86 millones de euros en recibos de la luz.  La empresa sueca ha sido una de las primeras en aprovechar la sostenibilidad para innovar, transformar el negocio, mejorar las inversiones y descubrir nuevas oportunidades de negocio.

Adidas es otra de las grandes empresas que optan por la sostenibilidad a la hora de fabricar sus productos. Con el uso de tecnologías como DryDye o Primeknit tiñen las prendas sin utilizar agua y fabrican calzado de una sola pieza en vez de utilizar piezas múltiples y reducir así el desperdicio textil. Para mostrar su firme compromiso con nuestro planeta, la marca alemana presentó hace un par de años su modelo Adidas Futurecraft Biofabric, la primera zapatilla 100% biodegradable.

El último de los ejemplos de empresas comprometidas con el medio ambiente  nos lo brinda Apple. La empresa de la manzana, que ocupó hasta 2013 una posición “privilegiada” en la lista negra de Greenpeace, dio un vuelco a su situación apostando por una RSE que les ha llegado a poner, en poco tiempo, en una posición delantera entre las empresas más sostenibles. Hoy, sus esfuerzos a favor de la conservación ambiental y el aprovechamiento eficiente de los recursos naturales son notables, llevando a cabo estrategias como la de conseguir que 100% de sus centros de datos funcionen con energía renovable.  

El 22 de abril, Día Mundial de la Tierra, recuerda que nuestro planeta y sus ecosistemas nos dan la vida y el sustento, por ello debemos conservarlos.

¡Qué comience la función!

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