La felicidad es una de las aspiraciones más importantes que tiene una persona a lo largo de su vida. Nos lo dicen las canciones, los libros, los anuncios publicitarios…y también las Naciones Unidas que con la creación de este día internacional nos propone reivindicar la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos, pero además, remarca la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno.

Cada año, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas, elabora el Informe Mundial sobre Felicidad. Dicho informe, clasifica a 156 países según su Producto Interno Bruto (PIB) per cápita, el apoyo social, la generosidad y la ausencia de corrupción. Según el último estudio realizado en el año 2018, los países nórdicos se sitúan una vez más a la cabeza de esta lista.

Finlandia ocupa el primer lugar como el país más feliz del mundo en detrimento de Noruega, que baja a la segunda posición tras liderar la tabla en 2017. En tercer lugar de este ranking se sitúa Dinamarca. Por debajo están países como Islandia, Suiza, Países Bajos o Canadá.

Para encontrar al primer país latinoamericano tenemos que ir hasta el decimotercer lugar en el que encontramos a Costa Rica, siendo este el único país de la región entre los veinte primeros. Panamá ocupó la vigésimo séptima posición, mejorando su trigésimo puesto de 2017.

Pero, ¿qué tienen en común los países nórdicos que cada año copan las primeras posiciones de la tabla?

Uno de los principales motivos que llevan a Finlandia, Noruega, Dinamarca, Islandia, entre otros, a liderar el ranking de felicidad cada año no es otro que primar lo social por encima de lo individual. Dinamarca, por ejemplo, ha tejido una increíble red de servicios, nutrida a través de la alta carga de impuestos que revierte sobre el bienestar de sus ciudadanos. Los daneses son felices precisamente porque pagan sus impuestos y, con ellos, el Estado les proporciona servicios sociales, educativos y de salud de calidad.

Para los nórdicos la felicidad no es tener un auto grande, sino saber que la gente que conoces y quieres recibirá ayuda en el momento en que la necesiten.

Relacionado también con el sector social, otro de los puntos en común que guardan las sociedades nórdicas es la confianza. Confianza en sus sistemas sanitarios, en su red de servicios, e incluso, confianza en sus políticos, es decir, confían en toda la sociedad en general, algo imprescindible para vivir en una sociedad feliz. Allí es fácil encontrar las puertas de las casas abiertas, los puestos ambulantes sin ataduras e incluso sin sus propios dueños, padres que dejan correr a sus hijos solos por la calle… Esto hace que los ciudadanos puedan vivir más sosegados y despreocupados.

La confianza otorga a estas sociedades de una sensación de total libertad, factor también determinante para medir la felicidad de un país. Una libertad entendida no solo como tener garantizados los derechos humanos, sino también referido a la libertad traducida como tiempo para uno mismo. Los países del norte de Europa cuentan con políticas muy colaborativas con la sociedad, por ejemplo, otorgando más de un año de baja por maternidad/paternidad o disponer de 70 días de vacaciones por enfermedad de un hijo de doce años.

Ahora solo queda que el resto de países empecemos a vivir más como las sociedades escandinavas, donde el bien común prima sobre el individual, y donde a través de pequeñas decisiones, podemos tratar de hacer feliz al prójimo para ser feliz uno mismo.

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