La presencia de animales de compañía en el ambiente laboral puede ser muy beneficioso para la empresa pero, bien es cierto que no a todo el mundo le gusta la idea de tener cerca un perro o un gato, además de las posibles fobias y alergias que se puedan dar entre los empleados. Es por esto que es imprescindible adecuar las oficinas y convertirlas en espacios pet friendly, respetando el espacio de todos por igual. ¿Qué es necesario para convertir tu oficina en un lugar amigable con las mascotas?

Antes de transformar el espacio, nos tenemos que hacer tres preguntas básicas:

  1. ¿Hay suficiente espacio en la oficina para las mascotas?
  2. ¿Hay áreas exteriores en las que las mascotas puedan estar durante el día?
  3. ¿Los empleados tienen oficinas donde las mascotas puedan estar, o son espacios abiertos?

Del mismo modo hay que tener en cuenta la delimitación de las zonas de la oficina por las que las mascotas puedan desenvolverse sin causar molestias ni perjuicios tanto al resto de los compañeros como a las propias mascotas. Además, es importante cambiar los suelos por materiales que sean a prueba de manchas y olores (una base de concreto suele ser lo más recomendable), y que sumado a esto, por razones obvias, sean fáciles de limpiar.

Por último, a la hora de transformar la oficina en un ambiente amigable con las mascotas es imprescindible tener en cuenta su seguridad. Verifica que los cables estén bien tapados y que los equipos potencialmente masticables están fuera de su alcance.

Al tiempo que se hace la transformación de la oficina a un espacio pet friendly, es importante establecer una serie de normas que tienen que seguir aquellas personas que quieran llevar a su mascota a la oficina, con el fin de no interferir en el buen ambiente laboral. Entre estas normas destacan la de solicitar el consentimiento de su supervisor; que las mascotas tengan todas sus vacunas al día, así como buen comportamiento tanto con las personas como con el resto de mascotas que pueda haber en la oficina; en caso de que las mascotas estén enfermas no llevarlas al trabajo, pues pueden suponer un riesgo de infección para otras mascotas, o en su defecto, para el equipo; siempre deben tener bolsas para recoger las heces de las mascotas. Y, por supuesto, cumplir con el reglamento interno propio de cada empresa.